Después de haber hecho una fortuna en su negocio, el hombre regresa a donde fray Gómez para darle la mala noticia de que el mozo quien le dio el préstamo por el alacrán se ha quedado con el y rehúsa regresárselo.
—Le pido perdón por no poderle regresar el alacrán que me dio, el problema es que…
Sin permitirle acabar el fray Gómez se levanto de la mesa donde estaba comiendo y con todas sus fuerzas le golpeo al mozo como si un pecado hubiese cometido.
—Levántate del suelo y límpiate la cara. ¿Cómo puedes regresar sin mi alacrán y pensar que todo estaría bien? ¿No soy yo el fray Gómez quien hace y deshace milagros cuando quiere?
—Discúlpeme, téngame misericordia que yo no puedo hacer nada, el judío que me hizo el préstamo ha rehusado regresármelo y se lo ha dado como regalo de bodas a su hija.
—Dime, ¿cuándo es la boda de su hija?
—Me han dicho que se casara dentro de 6 días—contesto el mozo.
Al escuchar esas palabras el fray Gómez comenzó a tramar como se vengaría del judío quien había rehusado regresar el alacrán. Dentro de si pronuncio la sentencia a aquella doncella, ignorante de lo que sucedería el día de su boda.
Se acercaba la boda, y con cada día que pasaba el fray Gómez seguía en sus preparativos para la sorpresa que le esperaba a todos los invitados.
Finalmente llego el día que esperaba con tanto anhelo, se haría la voluntad de su dios. Se persigno y pidió la ayuda para hacer Su voluntad.
—Padre, guerreamos por ti, vivimos y morimos por ti. Te pido me des las fuerzas para hacer tu voluntad.
Al llegar a la iglesia todos estaban ya sentados en sus respectivos lugares. El fray Gómez entro tomo un poco de agua bendita la hecho sobre el alacrán que llevaba puesta la hija del judío.
—Es tu voluntad, sea llevada a tu gloria.
Con eso el alacrán alzo la cola y le pico varias veces hasta que su espíritu la dejo y quedo ahí recargada al altar, muerta por culpa de su padre.
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